La batalla no fue de explosiones y pistolas, sino de historias. Buzz y los Guardianes proyectaron fragmentos de futuro: promesas, sueños y nuevos recuerdos que el parásito no conocía. Cada recuerdo futuro era una semilla que el Fragmentador no podía consumir; al ser sembradas, esas semillas transformaron su hambre en curiosidad. La criatura se contrajo, y finalmente, al comprender la belleza de lo que no podía poseer, se disolvió en un arco de luz.