En lo sonoro, la banda sonora mezcla pistas electrónicas y rock que empujan el ritmo de las carreras; los efectos del motor y los crujidos al chocar siguen siendo satisfactorios incluso hoy. Gráficamente, la PS2 ya no impresiona como antes, pero el diseño de las pistas y la atmósfera urbana compensan con creces, y la jugabilidad impecable es lo que realmente importa: controles responsivos, saltos que se sienten naturales y una IA que ofrece desafíos justos pero intensos.